C. - En realidad, a mi tampoco.
B. -Basta!
C. -Seré más concreto, irradiabas cierta fascinación cuando eras hermosa, delicada e inmaculada, pero ahora estas como el caballo que mi padre suele montar, magreada y empapada, ya no te deseo. Creo que como todo el mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario